Alquimia y vida en la cocina

nutrición y fitoterapia

Sin duda es la cocina el lugar de la casa en el que se realizan verdaderos procesos alquímicos, así conseguimos la transformación de los alimentos con procesos de ritmo y de temperatura, utilizamos el vapor, la ebullición, la congelación y el baño maría, que por cierto debe su nombre a María la Judía, una mujer alquimista del siglo 1 que descubrió este procedimiento para aplicar temperaturas más suaves que los 100 grados de la ebullición. También tenemos utensilios y procedimientos en la cocina para pesar y medir, ya que la proporción y la medida son claves para los procesos de elaboración y transformación de las sustancias.
La fermentación es un proceso realmente transmutador donde intervienen microorganismos para transformar la materia, de este modo el pan, alimento base del ser humano, se realiza con la participación de los cuatro elementos: La Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego.
El grano del cereal molido y triturado: Elemento Tierra en relación al cuerpo físico del ser humano.
El amasado: incorporamos el elemento Agua en relación al cuerpo vital del ser humano.
El fermentado: incorporamos el elemento aéreo (levaduras fermentan y producen agujeros de gas en la masa) en relación al cuerpo emocional del ser humano.
El horneado: se incorpora el elemento fuego en relación al cuerpo espiritual del ser humano.
Así el pan es un alimento muy especial cuando se realiza respetando estos procesos en tiempos, ritmos y con materias primas de calidad.
“ El pan no es lo que nutre, lo que por el pan nos conforta es la palabra eterna de Dios, es la vida, es el espíritu.” (Ángelus Silesius)
Realmente con esta visión de lo que es nuestra cocina, el laboratorio alquímico de la casa podemos disfrutar transformando los alimentos y generando nueva vida. Es posible que no se pueda tener acceso fácilmente a un huerto para ver crecer la vida, pero en nuestra cocina podemos germinar semillas y de este modo tener multitud de plantas comenzando la vida en un frasco en la cocina y de algún modo participar en este proceso de generar nueva vida vegetal en la naturaleza.
Recomiendo dos tipos de elaboración muy interesantes y saludables y fácilmente realizables: germinados y fermentados. Ya que ambos alimentos son concentrados de vitalidad y concentrados en nutrientes esenciales. Una buena alternativa a la toma de suplementos.

Alfalfa germinada
Los germinados: en una semilla está todo el potencial concentrado que dará lugar al desarrollo de una nueva planta o de un árbol cuando las condiciones de temperatura y humedad son adecuadas. Despertar semillas es un proceso maravilloso y que está a nuestro alcance. Los pueblos más antiguos especialmente los asiáticos recomendaban tomar brotes para llegar a edades longevas y es que los germinados son altamente ricos en enzimas. Se sabe que los recién nacidos y los niños tienen en su organismo una alta cantidad de enzimas y que según vamos envejeciendo estas van disminuyendo. Los enzimas son proteínas que catalizan o ayudan a que se den las reacciones dentro de nuestro organismo. Me agrada mucho la denominación que el Dr. Gabriel Cousens hace de los enzimas que las llama “Vortices de vida” y así es. Los enzimas al ser proteínas se destruyen a los 42 grados de temperatura por ello el Dr. Cousens recomienda una dieta alta en alimentos vivos y crudos.
Los germinados contienen realmente grandes cantidades de enzimas, ya que es una semilla desplegándose hacia la vida. Energéticamente también incorporaríamos a nuestro organismo estas fuerzas energéticas contenidas de la semilla y que en ese momento comienzan a despertarse.
Las semillas además de las enzimas contienen grandes cantidades de Vitaminas: E, C, A (beta Carotenos), y varias del grupo B (B1,B2,B3), vitamina K, Clorofila, Minerales (Calcio, Magnesio, Potasio, Hierro), Oligoelementos: yodo, el zinc, el selenio, el silicio, el cromo y el cobalto.
Germinar semillas es muy sencillo: solo tenemos que reproducir la condiciones de germinación de una semilla que es humedad y oscuridad y temperatura cálida.La primera vez que germiné semilas fueron lentejas y no tenía ningún germinador ni dispositivo especial, las puse en un plato con agua tapadas con una tapa que tenía agujeros, les cambiaba el agua por la mañana y por la noche, y así al tercer o cuarto día comenzaron a germinar. Ahora se encuentran en el mercado frascos germinadores, pero simplemente necesitareis un tarro de vidrio y una tapa que tenga agujeritos o una malla o tela para poder escurrir el esceso de agua, dejar en la cocina en un lugar oscuro o que no le de mucha luz directa. El primer día se cubren con agua, por la noche ya se escurren y así cada día se les cambia el agua y se escurren. Generalmente a los tres o cuatro día suelen comenzar a germinar. Después se lavan escurren y se guardan en el frigorífico en un taper de vidrio. Las semillas más fáciles de germinar son las de alfalfa, lentejas y especialmente son muy interesantes las de las plantas que contienen azufre: como lombarda, puerro, nabo daikon, rábano negro y sobre todo el brécol por ser alto en sulforafano sustancia que activa la detoxificación hepática y especialmente se halla en mayor cantidad en los brotes de brécol que en el brécol.
Los germinados los podemos tomar para enriquecer en nutrientes y vida nuestros platos, especialmente en ensaladas, sobre batidos verdes, sobre patés y canapés, sobre verduras cocinadas, etc.

 

Fermentando zanahoria y brecol
Fermentar alimentos: Tiempo atrás era muy común en las casas realizar fermentados, cuando en otoño y tras la cosecha había un exceso de alimentos y había que conservar para el invierno. Se dice que los chinos que costruyeron la muralla china 2.939 a. C. consumían col fermentada para soportar estos duros trabajos y fue Genghis Khan quien al invadir china trajo este alimento secreto de la fabricación de este alimento hacia Europa.
En los alimentos fermentados las bacterias fermentativas se alimentan de las fibras y azúcares presentes en los vegetales produciendo al fermentar ácido láctico gran protector de la salud intestinal. Para realizarlos se utiliza agua con sal para evitar el crecimiento de otros microorganismos por ello el sabor de estos alimentos es ácido y salado.
Estos alimentos son ricos especialmente en probióticos es decir bacterias fermentativas beneficiosas a nivel intestinal y en la salud de todo el organismo, además de prebióticos es decir fibras beneficiosas de las que se alimentan los probióticos, además contienen enzimas, antioxidantes y vitaminas de las propias verduras y otras producidas por las bacterias fermentativas, especialmente del grupo B, inclusive la B12.
Se elaboran preparando una salmuera: agua a la que le añadimos un 10% de sal marina y añadir las verduras: Para un tarro de ½ litro añadir el agua con la sal y luego añadir las verduras y aplastarlas ligeramente con una maza de madera, ha de quedar bien cubierto con el agua y sal. Tapar el tarro (mejor de tapa hermética con goma) y dejar en un lugar oscuro durante dos semanas. Una vez abierto guardar en el frigorífico. Se puede añadir sobre la ensalada o acompañando a otros platos.
Para comenzar los más fáciles de realizar serán los de hortalizas más duras: raíces como zanahoria o nabo y coles tipo coliflor o brécol en trocitos. Se les puede añadir especias como tomillo, laurel, ajo, cúrcuma o jengibre que contribuirán a su sabor y aportarán sus cualidades nutritivas y medicinales.

Artículo publicado en la Revista Espacio Humano

Palmira Pozuelo

Farmacéutica Naturista
http://palmirapozuelo.com

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