En nuestras sociedades desarrolladas las alteraciones del sistema nervioso son cada vez más frecuentes: insomnio, ansiedad, inestabilidad emocional, angustia y depresión. Son muchas las causas de estos trastornos, pero sin duda una forma de vida estresante y muy alejada de los entornos y ritmos naturales está en gran medida en el origen de ello. Grandes ciudades con formas de vida basadas en la competición y el aislamiento, en lugar de la cooperación y la ayuda mutua que se vivía en las antiguas poblaciones y comunidades vecinales más pequeñas y humanas.
Tampoco ayuda mucho la forma de alimentación actual, basada en cereales refinados y azúcares rápidos que inducen una altibajos en la glucemia, cuya estabilidad es necesaria para mantener un ánimo estable. Grasas desnaturalizadas, refinadas y tóxicas presentes en multitud de alimentos procesados, en lugar de aceites vírgenes de primera presión, son fundamentales para construir estructuras nerviosas y membranas celulares estables, sin las cuales nuestro sistema nervioso comienza a no funcionar bien. El alto consumo de carne induce al desarrollo de una flora intestinal alterada, en lugar de una flora saludable basada principalmente en una alimentación rica en vegetales que colabora en la producción a nivel intestinal de mayores niveles de serotonina, neurotransmisor de la estabilidad emocional y de la calma.

Es importante también aprender a adquirir recursos de trabajo emocional y espiritual que nos permitan conectar con el eje de nuestro ser interior, para encontrar la calma en las profundidades del mar de nuestro ser esencial , aunque en el exterior, en la superficie, haya turbulencias, fuertes mareas y tormentas.
Grandes retos sin duda a cambiar, mientras tanto las pequeñas plantas medicinales de los bosques que nos rodean pueden brindarnos su apoyo. Una de estas plantas es la Melisa, una planta bastante común en bosques y jardines, de agradable aroma y fácil cultivo, una planta digestiva, relajante y armonizadora, ya que trabaja sobre todo en estas áreas tan conectadas con el estrés y sensibles a las alteraciones emocionales como son el sistema digestivo, intestinal y nervioso. La infusión de Melisa es una de las más agradables de tomar por su exquisito sabor alimonado, de ahí su denominación de Toronjil.

La melisa crece en lugares sombreados y cerca del agua, le gusta la luz tamizada y no directa e intensa, es grato verla silvestre y siempre tocar y frotar sus hojas, llevarlas hacia la nariz y aspirar su inigualable aroma cítrico. Suele crecer al lado de las mentas y a veces de las ortigas, con las cuales se pueden confundir si aún no han florecido, llevándonos entonces la desagradable sorpresa, si hemos elegido la planta equivocada con las urticantes agujas de la ortiga uvcnfxx. Aunque pertenece a la misma familia botánica que el romero o el tomillo, la melisa necesita lugares más húmedos en zonas boscosas y no tanto en la soleada montaña, se parece mucho en sus hojas a la hierbabuena y a otras mentas. Crece muy bien si la plantamos en el jardín o en el huerto tendiendo a extenderse y a invadir los terrenos. Es muy resistente y aguanta bien el invierno y las heladas. Es fácil encontrarla en viveros en la zona de plantas aromáticas. No hay nada más grato que una infusión de hojas frescas de melisa recién recolectadas.

Melisa (Melissa officinalis)

Las hojas de melisa contienen aceite esencial en pequeña cantidad, sus principales componentes son alcoholes y aldehídos como el citral y el citronelal que le aportan su característico aroma, y su acción antséptica y digestiva, además contiene ácidos fenólicos, taninos y principios amargos, todo ello en conjunto promueve una acción sedante, antihistérica y antiespasmódica.
Con Melisa, los monjes Carmelitas realizaron en el siglo XVII un remedio calmante y ansiolítico, que se llamaría Agua del Carmen o Agua Carmelitana y hasta el siglo pasado era común encontrarlo en los hogares españoles hasta el siglo pasado. Esta receta preparado por los Carmelitas Descalzos allá por el año 1610, poseía gran eficacia para aliviar los malestares que ellos denominaban “del  alma y tenía la admirable propiedad de alegrar y confortar el corazón.
Años atrás cuando no era tan común el uso de las benzodiacepinas y otros medicamentos tranquilizantes y ansiolíticos, era común ir a la botica a por agua del Carmen para ayudar a aliviar situaciones difíciles, como el recibir una mala noticia o la pérdida de un familiar, circunstancias que en ese tiempo eran aliviadas con esta agua calmante a base de melisa. Aún hoy podemos encontrarla como una reliquia en las farmacias y su dispensación no requiere receta médica, aunque hay que tener en cuenta su contenido alcohólico.

Recetas con Melisa:
Infusión de Hojas de Melisa: Una o dos cucharaditas de postre por taza, infundir 10 minutos. Dos o tres tomas al dia. Digestiva, carminativa, relajante.
Baño relajante de Melisa: Preparar 3 litros de infusión con 40 gramos de hojas de melisa (2 o 3 puñados) por litro de agua, para una bañera. En trastornos del sueño, nerviosismo, ansiedad.

Remedio del siglo XVII

Variante casera del Agua del Carmen: La receta que realizan los monjes carmelitas se basaba en una destilación alcohólica de melisa principalmente junto con otras hierbas que potenciaban la acción sedante, antiespasmódica y digestiva de la melisa
Para realizarla de forma casera podemos utilizar la siguiente receta:
Hojas de melisa 200 gr, preferentemente frescas, sino se pueden utilizar secas, corteza fresca de limón rallada (de origen ecológico) 40 gr, corteza de canela 10 gr, nuez moscada rallada 10 gr, clavo especia 10 gr, Cilantro: 10 gr, raíz de angélica 10 gr, poner todas las plantas en 1 litro de orujo blanco. Macerar durante un mes. Filtrar y tomar a razón de una cucharadita disuelta en un vaso de agua o infusión.
De actividad sedante, digestiva, en alteraciones digestivas debidas a estados nerviosos, antiespasmódica en dolor menstrual y jaquecas.
Artículo publicado en la revista Espacio Humano

Palmira Pozuelo
(Farmacéutica Naturista)
www.palmirapozuelo.com

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